El otoño me está ayudando este año a desprenderme de las hojas muertas, como lo empiezan a hacer las hojas de mi parra virgen que van cayendo para dejar la rama desnuda, vacía, y el suelo rojo. Pensamientos, ideas, estados que mueren para dejar paso a otros nuevos, a otros que aún desconozco.
Este fin de semana ya se siente el otoño aunque todavía hace tiempo de fin de verano, y vamos a Cáceres. En el viaje con Bill me doy cuenta de lo que me divierte ir de bolo en tan buena compañía y en lo que lo echo de menos después de un verano intenso de conciertos. Ya hemos agotado la discografía de su coche y repetimos, y nos ponemos al día, y como siempre encontramos las mejores magdalenas de los bares de carretera… En Cáceres nos espera el auditorio de San Francisco, un lugar con una acústica singular donde tocamos sin amplificación, resulta ser un concierto divertido que inagura el festival.

Bill, Ana, Rafa y Jaime durante la actuación en auditorio de San Francisco
Después nos esperan unas grandes suites en un hotel céntrico y ambientado del casco antiguo –creo que nuca había dormido en una habitación de hotel tan grande!- Ricardo y Marta nos llevan a cenar con todos los de la organización, todavía hace tiempo de sentarse afuera y disfrutamos y nos relajamos…la cena acaba con un paseo nocturno por las calles de casco antiguo de Cáceres, que me hace soñar por momentos y que por cierto, no tiene nada que envidiar al de Toledo! Me quedo con los dientes largos y con ganas de conocer mas sobre esta bella ciudad, llena de nidos de cigueñas.

Jame, Bill, Ana y Manuel con vendedora de periódicos